Hay algo en Tucumán que Santiago Loza, escritor y dramaturgo, percibe casi de inmediato: una pausa. Después de años de moverse entre el cine, el teatro y la literatura, el escritor encuentra en esa primera impresión una palabra que también podría definir buena parte de su carrera actual: detenerse.
El escritor llegó a la provincia para participar de la décima edición del Festival Internacional de Literatura el cual, durante dos días de actividades, reunió en el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán a novelistas, lectores y artistas, en el marco del 27° Julio Cultural Universitario. Su presencia se inscribe en una trayectoria que nunca quedó encasillada en una sola disciplina. En diálogo con LA GACETA, habló sobre ese recorrido y el lugar que hoy ocupa la escritura.
- ¿Qué esperabas encontrar en tu visita al norte? ¿El público es similar al que puedes encontrar en Córdoba o Buenos Aires?
- Hay algo que me recuerda a una energía más de provincia: más calma, de menos ansiedad, de poder escuchar la palabra, de escucharse. Hay como cierta situación menos apurada. Hace unas horas que estoy, pero ni bien llego, camino, entro, veo: hay algo que se va deteniendo, otra energía, menos voracidad. Por otro lado, este festival es muy codiciado para muchas escritoras y escritores; siempre me habían contado lo mítico que es. El hecho de que me hayan invitado es muy lindo, también me genera ansiedad, pero de inmediato algo se ordena en el orden de la amabilidad.
-¿Cómo coexiste la diversidad de lenguajes artísticos en vos? ¿Hay ideas que empiezan pensadas en un formato y se trasladan a otro?
- Cada proyecto ha ido ocupando su tiempo. El cine a veces se pone muy complicado, es muy esporádico entre una película y otra y, en los últimos años, mi relación con el cine han sido películas más pequeñas, casi documentales. Lo que me ha ido ganando es una práctica en torno a la escritura, que me ha ido animando a intentar que se valga por sí misma. De alguna manera, cuando empecé a escribir teatro fue porque estaba en crisis con el cine, y el teatro me llevó un poco hacia la poesía, o a animarme a escribir narrativa. Finalmente, ahora que soy más grande, lo que me ordena es la escritura: una práctica un poco más solitaria, pero que no es tan dependiente del caos laboral. Me interesa el lenguaje y desentrañar eso.
- En tu narrativa aparece mucho la interioridad, lo íntimo. ¿Qué es lo que te llama la atención de ese mundo, de lo modesto?
- Lo que puedo llegar a narrar son mundos muy pequeños, movimientos muy cercanos. Es en ese micro donde puedo comprender y adentrarme, en lo macro me pierdo, me desoriento. Lo aparentemente menor, eso que parece carecer de valor, es donde a mí se me revela algo. En esa zona gris, medio aparentemente intrascendente, de pronto sucede lo extraordinario. Es como si a un paisaje monocromático se le tiraran unas manchas de color, algo va a pasar, hay un corrimiento. Esa es también la zona del lenguaje donde puedo ir amasando, es algo que está a mi alcance.
- Sobre el Premio Nacional de Cultura y el Konex: ¿cambió algo en tu forma de trabajar ese reconocimiento? ¿Sentís que es una responsabilidad?
- El Premio Nacional de Cultura tiene contemplada la jubilación. Entonces para todas las personas que hemos tenido un camino artístico, donde la idea del futuro es bastante incierta, eso está cubierto. Pienso que no me falta mucho para ese momento y que va a ser un poco más grato. Los reconocimientos que he tenido son muy estimulantes para todos los que hacemos alguna disciplina artística: saber que hay un otro que dialoga , que alguien te lee. Toda disciplina artística tiene una intención espiritual, y también hay algo de sentir que uno no está solo en esa búsqueda.
- Tuviste piezas teatrales representadas en muchos rincones del mundo. ¿Qué te provocó el ver tu palabra habitada por culturas tan variadas?
- Es hermoso, es gracioso. Fue algo inesperado que las obras tuvieran tanta vida. Ahora en Buenos Aires se siguen haciendo obras después de 18 años y es súper lindo. A veces he visto esos espectáculos, otras veces no, y siento que ya no me pertenecen, que todo quedó ligado a algo que ocurrió en algún momento.
- ¿Qué le dirías a alguien que recién empieza a escribir y no sabe todavía cuál disciplina es su lenguaje?
- Que intente todo. A la gente joven le digo eso: a por todo. Si se pueden hacer cortos, que hagan sus cortos, y al mismo tiempo que escriban sus poemas, sus cuentos. También pienso que para las disciplinas artísticas está bueno hacer otras disciplinas que no son las que uno elige, como dibujar, por ejemplo. Todo alimenta el oficio que se va teniendo, todo lo va alimentando, y uno no termina nunca de descubrir qué es lo que uno es.
Entre el teatro, el cine y la escritura, Loza aún encuentra caminos de autodescubrimiento a través del arte. En una sociedad que tiende a la velocidad, el autor se detiene a observar lo pequeño y a descubrir algo nuevo. (Producción periodística Valentina Aranda Zóttola)